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El cernícalo primilla (Falco naumanni) es, entre otras muchas cosas, el ave de los mil nombres; a lo largo de los siglos se ha convertido en un símbolo de convivencia entre el ser humano y las aves rapaces, hasta el punto de llegar a ser una especie indicadora del desarrollo sostenible, puesto que de su mayor o menor presencia en nuestros pueblos y ciudades se puede deducir la salud de nuestros campos tanto como la calidad de su hábitat de nidificación, que no es otro que el nuestro propio.  

Fruto de esa estrecha relación existen innumerables formas de designar al cernícalo primilla según la zona geográfica en la que nos encontremos, con nombres tan vernáculos (“doméstico, nativo, de nuestra casa o país”) que en ocasiones cambian de un pueblo a otro aun siendo estos prácticamente limítrofes, y tornándose difícil también discernir en qué medida se refieren al cernícalo vulgar, al primilla o a ambos, y que en muchos casos son a su vez derivaciones de voces que aluden a otros halcones o aves rapaces en general: ansarillo, ansillo, jarico, chigre, chiri, gavilucho, grillero o aransillo según en qué zonas de ambas castillas; xoriguer petit o falconet xoriger en Cataluña; garrapiña, halconcillo de las torres, cernicalillo o primilla (en femenino) en Andalucía; falconet de campanar o soliguer xicotet en Valencia; naumann belatza o beltaz txiki-motz en País Vasco, esparvero pequeño o cequelín en Aragón y en Galicia buxarello o lagarteiro das torres, nombre este último que junto peneireiro-de-dorso-liso se usa también en Portugal.

Pero es en Extremadura donde encontramos una mayor variedad de nombres vernáculos, quizá por la abundancia de la especie en casi toda su geografía y probablemente también porque nuestro proyecto se desarrolla en esta región, de tal forma que ayudados entre otras cosas por aportaciones a través de las redes sociales, como la que nos hacía Manuel Trinidad en una publicación reciente, conseguimos una mayor perspectiva léxica del asunto. Así, en nuestra región nos encontramos con aguililla (Castuera), fornícale (Campanario), gavilacho (Fregenal de la Sierra), gaviloche (Fuente de Cantos), gavilancete (Granja de Torrehermosa), zorromícale (Acebo), meco (La Coronada), zorromiclo (Guijo de Galisteo), nícale (Barcarrota), mícale (Valdetorres, Saucedilla), zurrumical (Salvaleón), zurramiquele (Santa Marta), zurrumicle (Hornachos, Valencia de Alcántara), ajorrillu (Ahigal), quica o kika (Cáceres), cerrenicale (Pallares), cernícale (Lobón, Malpartida de Plasencia), jorli (Santibañez el Bajo), almiroche (Villanueva de la Sierra), garrapiñu (Perales del Puerto), cerramicle (Llerena, Hinojal), mica (Orellana), lazarillo (Ribera del Fresno), zurrimicalo (Higuera de Vargas), garrapiña (Talaván, Villamiel), mical (Trujillo, Berzocana, Cañamero), cenicalo (La Haba), cernical (Mérida), cerrinicali (Calzadilla), cerrumicli (Eljas), zorramiqueli (Alburquerque), francellu o millafre (Olivenza, San Benito de la Contienda), nica (Brozas), nícali (Cilleros), surrumiclis (La Codosera) y zorromícali (Acebo).

Vaya por delante que ni son todos ni, puede, que todos sean acertados; y por supuesto tampoco recogemos aquí los de otros países fuera de la península ibérica, donde los desconocemos más allá de nombres comunes como Lesser Kestrel (inglés), Faucon crécerellete (francés), Rötelfalke (alemán) o Grillaio (italiano) por mencionar algunos. Quizá no sean mil, pero ya son bastantes para esta reseña y, en cualquier caso, estamos dispuestos a seguir registrando vuestras aportaciones vengan de donde vengan, bien para corregir errores o para encontrar nuevos nombres de nuestra ave favorita.